Susana Gisbert Fiscal en Valencia

¿Qué hace una fiscal como yo en un sitio como Notartic?

By Administrador
In Septiembre 26, 2016
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Permitidme la licencia. Ante tan atractivo tema, el del mestizaje jurídico, se me metió en la cabeza la canción de Burning, y no me la saco del cerebro. ¿Qué hace una fiscal como yo en un sitio como éste?.

Parapeto artístico aparte –ya quisiéramos poner un poco de arte en nuestro empingorotado mundo- creo que su título no pude ser más acorde con el planteamiento del tema. Nada menos que la conveniencia de mezclar nuestros encorsetados compartimentos estancos y postular por el enriquecimiento que nace de la mezcla. Solo espero que a nadie se le ocurra citar a Mecano para responderme con aquello de “Allí me colé y en tu fiesta me planté” o, al menos, que lo haga con el final del estribillo, eso de pasarlo bien.

Pero, como decía, más allá de la licencia artística, el meollo de la cuestión es tratar de defender el mestizaje jurídico.

Entre todos los operadores y, en este caso, entre fiscales y notarios. Dos “sectas” aparentemente tan distantes como el sol y la luna, la noche y el día.

Nosotros, hijos de ese dios menor que para muchos es el Derecho Penal, algo que yo resumo, de un modo algo simplón pero entendible, como juristas de sangre, vísceras y sexo. Y, en el otro lado del espectro, la profesión notarial, legítima heredera universal del Derecho Civil, con tercio de mejora incluido. El agua y el aceite. O no, que ya se sabe que no es oro todo lo que reluce.

Y no sé si es por eso de que los polos opuestos se atraen –por más que seamos de letras-, pero tenemos mucho más en común de lo que a primera vista parece.

Creo que el primer problema es de concepto. A los fiscales nos obligan a aprobar un programa en el que hay una buena parte de derecho civil, aunque nuestra intervención en el proceso civil es escasa, más allá de familia, jurisdicción voluntaria y poco más (pero importante, como derechos fundamentales).

Nadie discute que estudiemos derecho civil porque sin ello es imposible distinguir cuándo nos hallamos ante un ilícito civil o se traspasa la línea penal, sobre todo en temas económicos.

Sin esos conocimientos nunca hubiéramos deslindado terrenos como querellas catalanas o levantamiento del velo de sociedades, por poner algún ejemplo.

Y la línea se acerca y difumina conforme van amentando y haciéndose más y más sofisticados esos delitos económicos de los que hablaba, y la colaboración entre fiscalía y notariado, resulta insdispensable, máxime debido a la complejidad jurídica y económica que tienen muchos de estos asuntos.

A ello hay que añadir un viejo filón que cobra vida con las TIC. El tema de la línea que separa una intromisión en el honor y un delito de expresión.

Y ahí las posibilidades que se pueden aportar desde la notaría en tema de aseguramiento de prueba son infinitas, y la mayor parte de ellas aún por explorar.

No olvidemos que en estos temas aún andamos en pañales, y que dentro de nada estaremos ante generaciones enteras de nativos digitales, y nosotros, pobres migrantes digitales, tendremos que estar a la altura.

De hecho, la nula o dificilísima colaboración con servidores lejanos e inconcretos a que nos redirigen las redes sociales hacen que uno de los pocos modos de asegurar la prueba antes de que desaparezca de la red es la intervención de un notario dando fe de la existencia del texto que pueda suponer un ilícito penal en sí mismo o ser prueba de haberse cometido otro. Del modo que actuemos unos y otros en ese primer momento puede depender la absolución o condena del culpable y, lo que es aún más importante, el resarcimiento de la víctima.

Ahí es nada. Y esto es sólo el principio.

Y hay otro tema, enormemente espinoso y que tiene una importancia capital En estafas a personas discapaces, esa determinación o no del notario que dice que el testador o el poderdante está en el pleno uso de sus facultades.

Un mundo por explorar en que incluso puede entrar en juego la responsabilidad del notario.

Si seguimos con ello, el abanico es infinito.

Los conjuntos cerrados que nos enseñaron en su día tienen miles de intersecciones que surgen una y otra vez, hasta el punto de hacer difícil saber donde estaba el conjunto original, ese mundo cerrado e invariable con el que algunos identificaban nuestras profesiones.

Pero intuyo que no andamos tan desencaminados cuando surgen proyectos de colaboración en materias tan importantes como el del blanqueo de capitales.

Lo que más necesitamos fiscales y notarios (pero en realidad todos los juristas): confianza, colaboración, formación, innovación comunicación.

Muchas son las cosas que pueden hacerse, sin embargo: encontrarnos todos en Sevilla, conocernos, oírnos, y convivir unos días en Notartic, puede ser un fantástico comienzo.

Así que hay que asumirlo, la nave Notartic ha zarpado y es difícil volver al punto de partida.

Tampoco creo que sea conveniente volver a ese punto de partida, no vaya a ser que en el retorno nos encontremos nuestro mundo tan cambiado como encontró el suyo el protagonista del Planeta de los simios.

Y ya sabemos todos cuál es el final de esa película.

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